El partido entre Gimnasia y Rosario Central, por la fecha 10 del Torneo Clausura, no solo se recordará por el debut de Ángel Di María en el Bosque, sino también por su gesto de nobleza y agradecimiento hacia la hinchada tripera. Sin festejos por convertir su gol, el Fideo levantó la mano en forma de disculpas ante un Juan Carmelo Zerillo rendido a sus pies.
Di María, que fue la figura del encuentro con una asistencia para el segundo gol (ejecutado por Enzo Giménez) y un golazo personal a los 86 minutos, que sellaría la goleada 3-0, protagonizó una escena emotiva que trascendió el resultado: cabeza gacha, poca sonrisa y mano arriba hacia la platea del Lobo, quienes, a pesar de la derrota, lo ovacionaron durante el encuentro.
En este marco, finalizado el partido, el capitán Canalla dialogó con la televisión y destacó principalmente el "cariño de la gente". "Después del gol y todo, no tengo palabras de agradecimiento a la gente de Gimnasia y le deseo lo mejor”, expresó el futbolista rosarino de 37 años.
Más tarde, el Campeón del Mundo explicó los motivos por los cuales no festejó: "Más que nada por la gente. Desde que llegamos a La Plata fue impresionante conmigo. El cariño ya en el hotel, también acá en el estadio, en el calentamiento, durante el partido... No merecían que les festeje el gol y por eso pedí perdón",
El gesto, que rápidamente se viralizó, subraya la conexión y el respeto que el delantero genera en los diferentes estadios del fútbol argentino, siendo recibido con aplausos y muestras de cariño a pesar de enfrentar a sus equipos. Para Di María, la calidez recibida superó la lógica de la rivalidad deportiva, transformando su gol en una muestra de gratitud.
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